Fue un encuentro extraño, no demasiado, ya que, no salí, por supuesto del contexto habitual, sin embargo yo lo percibí... así, extraño. Valga la redundancia.
Entré al baño de mujeres con empujones y tropezones. Un poco mareada por el alcohol, intentanto fijar la atención en las calcomanías gigantescas pegadas a las puertas de cada uno de los 6 baños, atiborrados de chicas.
Un poco apoyada por el marco de una, otro poco sobre un pie, una jovencita se acercó y me preguntó;
-¿Tenés un peine?- No soy de la clase de mujeres que se arregla constantemente el cabello, mucho menos en un baño público, tampoco cargo de cosas innesesarias mi pequeña cartera si pasaré el resto de la noche parada. Le contesté que no poseía ninguno y pareció algo decepcionada. Quizás fuera mi mareo o mi caradurez de siempre lo que me instó a decir...
-Pero si tu cabello está bien.- La niñata me sonrió, dubitativa volvió a cuestionar para asegurarse,
-¿En serio?-
-Sí- y asentí. Tras ella apareció una chica aún más joven y pequeña, que añadió;
-¿Y el mío?- sonreí con ironía al mundo, pensando que más importante era conocer la diferencia entre un cuervo y un escritorio, ¡claro!
Sin embargo le respondí;
-Sí, también está bien.-
Mundo perdido y superficial.
Entré al baño de mujeres con empujones y tropezones. Un poco mareada por el alcohol, intentanto fijar la atención en las calcomanías gigantescas pegadas a las puertas de cada uno de los 6 baños, atiborrados de chicas.
Un poco apoyada por el marco de una, otro poco sobre un pie, una jovencita se acercó y me preguntó;
-¿Tenés un peine?- No soy de la clase de mujeres que se arregla constantemente el cabello, mucho menos en un baño público, tampoco cargo de cosas innesesarias mi pequeña cartera si pasaré el resto de la noche parada. Le contesté que no poseía ninguno y pareció algo decepcionada. Quizás fuera mi mareo o mi caradurez de siempre lo que me instó a decir...
-Pero si tu cabello está bien.- La niñata me sonrió, dubitativa volvió a cuestionar para asegurarse,
-¿En serio?-
-Sí- y asentí. Tras ella apareció una chica aún más joven y pequeña, que añadió;
-¿Y el mío?- sonreí con ironía al mundo, pensando que más importante era conocer la diferencia entre un cuervo y un escritorio, ¡claro!
Sin embargo le respondí;
-Sí, también está bien.-
Mundo perdido y superficial.

